jueves, 28 de mayo de 2009

SÍNODO DE LA PALABRA DE DIOS

Recomiendo algunas de las proposiciones del sínodo de la Palabra celebrado el pasado año en Roma. Para que nuestros lectores se informen y se interesen por leer el texto completo .

Proposición 5

Espíritu Santo y Palabra de Dios

Las Sagradas Escrituras, siendo don entregado por el Espíritu Santo a la Iglesia Esposa de Cristo, tienen en la Iglesia su lugar hermenéutico proprio.

El mismo Espíritu, que es autor de las Sagradas Escrituras, es también guía de su recta interpretación en la formación a través de los tiempos de la 'fides Ecclesiae'.

El Sínodo recomienda a los pastores recordar a todos los bautizados el papel del Espíritu Santo en la inspiración (cf. DV 11), en la interpretación y en la comprensión de las Sagradas Escrituras (cf. DV 12). En consecuencia, todos nosotros discípulos estamos invitados a invocar con frecuencia al Espíritu Santo, para que Él nos conduzca al conocimiento cada vez más profundo de la Palabra de Dios y al testimonio de nuestra fe (cf. Juan 15, 26-27). Recuerden los fieles que las sagradas Escrituras se cierran evocando el grito común del Espíritu y de la Esposa: "Ven Señor Jesús" (cf. Apocalipsis 22, 17.20).

Proposición 8

Palabra de reconciliación y conversión

La Palabra de Dios es Palabra de reconciliación porque en ella Dios reconcilia consigo todas las cosas (cf. 2 Cor 5, 18-20; Ef 1, 10). El misericordioso perdón de Dios, encarnado en Jesús, realza al pecador.

Debe subrayarse la importancia de la Palabra de Dios en los sacramentos de sanación (penitencia y unción).

La Iglesia debe ser la comunidad que, reconciliada por aquella Palabra que es Jesucristo (cf. Ef 2, 14-18; Col 1, 22), ofrece a todos un espacio de reconciliación, de misericordia y de perdón.

La fuerza sanadora de la Palabra de Dios es una llamada viva a una constante conversión personal a la misma escucha y un incentivo para un anuncio valiente de la reconciliación ofrecida por el Padre en Cristo (cf. 2 Cor 5, 20-21).

En estos días de conflictos de todo tipo y de tensiones interreligiosas, en fidelidad a la obra de reconciliación realizada por Dios en Jesús, los católicos están empeñados en dar ejemplo de reconciliación, tratando de compartir los mismos valores humanos, éticos y religiosos en su relación con Dios y con los demás. Así traten de construir una sociedad justa y pacífica.

Proposición 11

Palabra de Dios y caridad hacia los pobres

Unos de los rasgos característicos de la Sagrada Escritura es la revelación de la predilección de Dios por los pobres (cf. Mt 25, 31-46). Jesús de Nazaret, Palabra de Dios encarnada, pasó por este mundo haciendo el Bien (cf. Hechos 10, 35). La Palabra de Dios, acogida con disponibilidad, genera abundantemente en la Iglesia la caridad y la justicia hacia todos, y sobre todo hacia los pobres. Como enseña la encíclica Deus Caritas Est, los primeros que tienen derecho al anuncio del Evangelio son justamente los pobres, necesitados no sólo de pan sino también de palabras de vida.

Sin embargo, los pobres no sólo son los destinatarios de la caridad sino también agentes de evangelización, en tanto en cuanto están abiertos a Dios y son generosos en compartir con los demás. Los pastores están llamados a escucharles, a aprender de ellos, a guiarles en su fe y a motivarles a ser artífices de su propia historia. Los diáconos encargados del servicio de la caridad tienen una responsabilidad especial en este ámbito. El Sínodo les anima en su ministerio.

Proposición 20

Palabra de Dios, matrimonio y familia

La Palabra de Dios está en el origen del matrimonio (cf. Gen 2, 24). Jesús mismo inscribió el matrimonio entre las instituciones de su Reino (cf. Mt 19, 4-8), dándole un estatuto sacramental. En la celebración sacramental, el hombre y la mujer pronuncian una palabra profética de recíproca entrega, el ser "una carne", signo del misterio de la unión de Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Mediante la fidelidad y la unidad de la vida de familia, los esposos son ante sus hijos los primeros anunciadores de la Palabra de Dios. Hay que apoyarles y ayudarles a desarrollar la oración en familia, la celebración doméstica de la Palabra, la lectura de la Biblia u otras formas de oración.

Los esposos recordarán que la Palabra de Dios es un valioso apoyo también en las dificultades de la vida conyugal y familiar.

Proposición 33

Formación bíblica de los cristianos

El amor a la Biblia es una gracia del Espíritu Santo que permea toda la vida del creyente. Hay por tanto que formar a los cristianos en el aprecio a este don de Dios: "Si conocieras el don de Dios..." (Juan 4, 10), dice el Señor.

Se espera por tanto que en cada región cultural se establezcan centros de formación para los laicos y para los misioneros de la Palabra, donde se aprenda a comprender, vivir y anunciar la Palabra de Dios. Además, según las diversas necesidades, se creen institutos especializados en estudios bíblicos para exegetas que tengan una sólida comprensión teológica y sensibilidad hacia los contextos de su misión Esto puede ser también realizado volviendo a examinar o reforzando las estructuras ya existentes, como los seminarios o las facultades.

Por último, es necesario ofrecer una adecuada formación en lenguas bíblicas a las personas que sean traductoras de la Biblia a las diversas lenguas modernas.

Proposición 38

Tarea misionera de todos los bautizados

La misión de anunciar la Palabra de Dios es tarea de todos los discípulos de Jesucristo como consecuencia de su bautismo. Esta consciencia debe ser profundizada en cada parroquia, comunidad y organización católica; se deben proponer iniciativas que hagan llegar la Palabra de Dios a todos, especialmente a los hermanos bautizados pero no suficientemente evangelizados. Dado que la Palabra de Dios se ha hecho carne para comunicarse a los hombres, un modo privilegiado para conocerla es a través del encuentro con testigos que la hacen presente y viva. En la misión, aportan una colaboración especial los institutos misioneros en fuerza del propio carisma y experiencia. Además, la realidad de los nuevos movimientos eclesiales es una extraordinaria riqueza de la fuerza evangelizadora de la Iglesia en este tiempo, tanto como para impulsar a la Iglesia a desarrollar nuevas formas de anuncio del Evangelio. Los laicos están llamados a redescubrir la responsabilidad de ejecutar su tarea profética, que deriva para ellos directamente del bautismo, y testimoniar el Evangelio en la vida cotidiana: en casa, en el trabajo y donde quiera que se encuentren. Este testimonio lleva a menudo a la persecución de los fieles a causa del Evangelio. El Sínodo llama a los responsables de la vida pública a que garanticen la libertad religiosa. Es necesario, además, abrir itinerarios de iniciación cristiana en los que, a través de la escucha de la Palabra, la celebración de la Eucaristía y el amor fraterno vivido en comunidad, éstos puedan practicar una fe cada vez más adulta. Hay que considerar la nueva pregunta que nace de la movilidad y del fenómeno migratorio, que abre nuevas perspectivas de evangelización, porque los inmigrantes no sólo necesitan ser evangelizados sino que pueden ser ellos mismo agentes de evangelización.

Los textos fueron tomados de-> http://caminoaemaus.com/drupal/

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